lunes 23 de noviembre de 2009

Para que no anden desnudos - Rafael Vázquez & Nanim Rekacz



El fuerte viento se cuela por las rendijas del viejo pajar. Una aguja perdida teje con hebras secas recuerdos lejanos del pueblo, ahora en ruinas. Teje y trama mantas y mantillas, trajes y vestidos amarillos, escarpines y camisas, sábanas y faldas que vienen a buscar por las noches los fantasmas de los idos y los muertos.

El final de un principio - Nanim Rekacz




Arquímides insistía en constatar la veracidad de su Principio invitando a su piscina a cuanta bella dama se cruzara. Mariana Nanni pidió bañarse en champán, Cleopatra exigió leche y unas cortesanas medievales insistieron en orinar en el agua. A todas conformaba y complacía. Cuando se lo propuso a Erzsebet Bathory, no se le ocurrió que sería la última prueba.

Espejismos - Nanim Rekacz & Rafael Vázquez




El alcohol produce espejismos de mareas y costas extrañas. Dentro de la botella el naufragio surca al barco inmóvil.
Naufragar dentro de una botella de ron subvierte los compases, altera las brújulas.
Pero ¿qué marino querría recorrer oleajes de leche o de zumo de frutas frescas?

Navegando la vida - Nanim Rekacz & Rafael Vázquez



Cada uno ve una cosa diferente en el cristal, miedo, esperanza, soledad. En la botella el barco surca un caleidoscopio de miradas. Hemos aprendido a unirlas en constelaciones para guiarnos por ellas. Cuando queremos perder el rumbo las ignoramos, así es como encallamos en arrecifes que no figuran en los mapas, conquistamos mujeres improbables y combatimos el temor al regreso.

Las fases – Rafael Vazquez & Nanim Rekacz




En el parque, el novicio no sólo daba pan a los gansos, sino que además les explicaba cómo elaborarlo. La primaria dificultad consistía en evitar que se comieran las semillas que pretendía sembrar. Pero se decía: si no puedo adiestrar a un ganso, menos podré educar a un hombre.

El regreso – Rafael Vazquez & Nanim Rekacz



El anciano sabio fue reanimado por los médicos varias veces, hasta que finalmente murió. Murmuraba, en cada oportunidad que volvía a la conciencia, palabras cada vez más infantiles. Su rostro adusto fue adquiriendo paulatina y sonrosada placidez.

sábado 21 de noviembre de 2009

Tris tras - José Luis Vasconcelos


El diminuto prestidigitador extrajo de su chistera una morsa albina que lanzaba icebergs por los ojos; luego apareció una mantis religiosa más grande que la fe.
El público festejaba los trucos del mago, hasta que una inmensa garra destruyó en un tris tras aquel singular circo de pulgas.

Atajo - Héctor Ranea


En el camino vieron la indicación clara de que debían desviar hacia el sur. El sol estaba ya en borde del horizonte y entre maldiciones calcularon que ya no tendrían luz para manejar durante el resto de la noche. En efecto, poco tiempo después, demasiado poco tiempo después, toda luz cesó cuando apenas alcanzaron a ver un cartel en malas condiciones que decía: Coto de Caza. Castillo Drácula.

Los Últimos Hombres - Magnus Dagon


En el ocaso de la civilización, en un planeta a miles de años luz de nuestro mundo natal, una cruenta guerra civil llegó a su fin y los Últimos Hombres surgieron entre las cenizas y la devastación provocadas por sus congéneres. Vagaron sin rumbo por la superficie de su nuevo mundo, estableciendo una cultura primitiva, hasta que un día, más allá de los límites explorados, encontraron los restos de una nave estrellada. Llevaba allí miles de siglos y en su interior albergaba un disco dorado. Los Últimos Hombres la miraron extrañados y se preguntaron qué podía ser. Algunos sugirieron que podía ser un mensaje de los Dioses, pero los demás no les hicieron caso. Se limitaron a marcharse, dejando la nave cubrirse lentamente por las eternas corrientes de polvo. En un lateral aún podía leerse Voyager.

Culpable - Oriana Pickmann


El acusado, ciudadano de nacionalidad lituana, con residencia ilegal en nuestro país, espera su sentencia. Había atropellado, la noche del sábado, a dos ciclistas en acción temeraria e imprudente. Conducía, en total estado de ebriedad, un vehículo robado sin haber aprobado el examen de manejo. Se le procesaba, en la sala de delitos ambientales, por no haber usado gasolina sin plomo en el automóvil en cuestión.

Panes y peces – Sergio Gaut vel Hartman


—No hay mal que por bien no venga —soliloqueó el marciano—. Los terranos trajeron la sífilis, la folibrulosis y la corrupción a nuestro planeta; catástrofes y muerte, dolor y miseria. Pero al mismo tiempo son los promotores de excelentes emprendimientos; negocios como la venta de drogas exóticas, el desarrollo de la prostitución interespecies, el contrabando de armas de destrucción masiva y la música. Ah, la música ruidosa y delirante de los terranos, las estrellas planetarias de la canción, los espectáculos al aire libre en Sirte y los monumentales emporios discográficos moviendo trillones de solares. Aunque bien mirado, lo de la música sale sobrando. Los terranos no tardarán demasiado en descubrir que los marcianos somos sordos.

Cita – Joe Hell


Tarde. Siempre tarde.
A pesar de eso, aminoro la marcha y espero que el semáforo cambie a rojo para cruzar.
Del otro lado de la calle, un viejo cae hacia adelante.
Un cuervo grazna.
Un auto le pasa por encima sin detenerse.
No está más…
Parpadeo.
Ahí donde el cuerpo del viejo yacía hace un instante se yergue una mujer.
Aunque es magnífica, me produce un intenso malestar y deseo apartar los ojos de ella, pero no logro hacerlo… Mi corazón y mi alma me ruegan que huya, pero mis piernas rehúsan moverse.
Comprendo a mi pesar quién es ella… O mejor dicho qué es…
Avanza hacia mí, me hace un guiño.
Cuando pasa a mi lado, una voz extrañamente dulce resuena en mi cabeza.
Ella dice: “Hasta pronto”.

Título original: Rendez-vous
Traducción del francés: Olga Appiani de Linares

jueves 19 de noviembre de 2009

La Guerra Divina (Deserción) - Sarko Medina Hinojosa

Iblis estaba cansado de matar ángeles musulmanes. Todos eran jenízaros de primera que combatían con las cuatro garras y tenían en las alas cuchillas afiladas de antimateria que desgarraban y desaparecían a sus soldados Íncubos. Lo peor era que violaban inmediatamente después a los Súcubos a su mando y engendraban nuevos soldados que salían diez mil por cuerpo preñado, destrozando de paso a la madre. Iblis estaba cansado de matarlos por oleadas para ver como en milisegundos volvían a nacer y atacar con esa ceguera de los que seguían a Dios bajo el nombre de Alá. Entonces pensó en desertar y de inmediato fue bajado de rango por su cobardía y volvió a ser un Súcubo listo para quedar embarazado. ¡Alabado sea el nombre de Alá!

El ojo y las narices — Saturnino Rodríguez Riverón

Para el ojo humano que señala y asiente, la parte visible del iceberg, esa montaña blanca de cristal helado, es la porción hermosa del evento, por más conocida. Sin embargo, los marinos desconfían de la proporción volumétrica oculta. Ellos saben que el bello espectáculo no les causará daño alguno; es el misterio, el enigma escondido bajo las aguas, lo que romperá sus narices.

Literaturas - Mónica Sánchez Escuer

Bosques enteros de árboles caídos, unos sobre otros. Moho entre las vetas, aire fresco buscando una salida entre las ramas. Bosques llenos de ecos, de pasos agigantados que buscan en el lodo dejar huella; pasos que quiebran hojas por el gusto de oír su canto moribundo. No van a ningún lado, son pisadas que nadie sigue, que se persiguen, se borran a sí mismas.
Pero ahí, quietecitas, como mariposas monarca durmiendo sobre troncos, están las palabras vivas. No hacen ruido. Su huella es la estela de colores que deja en tus ojos cuando vuelan. Palpitan en labios y lenguas. No temen a la muerte porque han nacido de su propia tumba.
Por ellas, sólo ellas, vale la pena tanto bosque.

Tomado de: http://monicaescuer.blogspot.com/2009/10/literaturas.html

Nocturno de pasión - Antonio Cruz

El dramaturgo sonríe. La mirada verde y chispeante de la pelirroja lo ha seguido durante toda la actuación y él intuye la invitación que es tan vieja como el mundo.
Sospecha que su desfachatada elegancia ha hecho lo suyo. Es audaz y se sabe atractivo.
Camina hacia su camarín divertido y ansioso. Tiene la certeza de que en un rato ella gemirá en sus brazos.
Despierta atormentado por un frío espantoso. Algo lacera sus entrañas. Las sábanas están viscosas. Prende la luz y las ve teñidas de rojo.
Imagina el último acto de alguna de sus tragedias.
La pelirroja ya no está en escena.

martes 17 de noviembre de 2009

Picegamorti — Jess Kaan


Zona: Distrito 8 – ex-Varsovia
Estado: contaminado
Objeto intervención: fallo personal androide
Modelo: Melchor 732LSI – Limpiador de sitios infectados
N°458-908
Puesta en servicio: 14/05/2014
Participante: Andrel N’goma
Estado: detenido
Transcripción de la intervención
—Melchor sentado en el parque Lazienki cerca de amasijo de cadáveres… Pedida autentificación: sin respuesta… Verificación habitual: Melchor operativo, ni problema de sistema ni mecánico detectados… Reinicialización del androide… Reboot del sistema. Sin respuesta.
—Buscar huellas de afecciones en el androide.
—Ninguna. Pedida retirada de la zona. Teme hostiles.
—Continuar investigaciones. Verificar memoria visual Melchor.
—Examen pendiente. Imágenes incoherentes.
—Aclare.
—Hombres y mujeres de otro siglo. Máscaras de pájaros de largos picos. ¿Venecia? Muchos muertos. ¿Peste? Despertar Melchor. Mensaje incoherente.
—Aclare.
—Maldito. Empezar de nuevo mismo trabajo. Recoger cadáveres y observar vacuidad humana. Demostrar potencia divina.
—Desconectar Melchor inmediatamente.
—Melchor autónomo. Melchor hostil. Desgarrón combinación.
(Fin transmisión).

Traducción del francés: Jacques Fuentealba

¿Era un sueño? - Alejandro Ramírez Giraldo


Cuando desperté, ella todavía estaba allí. ¡Ah, no era un sueño!, pensé. Ni la sangre, ni el cuchillo, ni la herida en el cuello. ¿Las razones? ¡Ah, esas sí hacían parte del sueño!


publicado en el blog: http://cuentominicuento.blogspot.com/

Para no leer biografías - Saturnino Rodríguez Riverón




Cada cual aprende finalmente a vivir su propia vida; pero el aprendizaje es tan dificultoso como inexacto, y es poco probable que pueda comunicar sus experiencias a alguien con algún provecho, porque, al fin y al cabo, una vida es algo único e irrepetible.

Los planetas - Sergio Gaut vel Hartman




Cuando Holtz compuso la suite orquestal "Los planetas" no imaginó que su música terminaría usándose como fondo musical de un reality show. Tampoco pensó que ocurrirían varias catástrofes encadenadas. Mercurio empezó a trabajar como analista económico de un programa de TV por cable, Venus hizo el baile del caño para deleite de millones de babosos, a Marte lo contrataron como mercenario para pelear en Afghanistán y Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno se enfrentaron todos contra todos en "Lucha libre a muerte". Plutón, que a poco de ser descubierto intentó convencer al compositor para que lo agregara y, luego de la muerte de este, habló con Ligeti para que escribiera una pieza acorde, acabó suicidándose, perdida toda esperanza de ser reconocido en el universo musical.

Manos voladoras – Héctor Ranea




Estaba tan enguantada que apenas podía vérsele la piel blanquísima. La adivinaba desnuda debajo de esa leve piel de serpiente con que tapaba su ser de mi vista. No de la mía, porque ni me adivinaba espiando detrás de la puerta del piringundín al que no podía entrar por ser aún menor. No sólo recuerdo lo que imaginaba, sino sus manos, lo único visible de ella, además de los labios y los ojos. Las movía mientras cantaba esos tangos, las hacía parecer manos que me alcanzaban cada rincón del cuerpo. A pesar del helado aire que llegaba en las noches de primavera, me calentaba con sus manos. Esas manos voladoras, en las que abrigaba las letras de algún tango que cuya poesía por entonces no comprendía y que ahora he olvidado.

domingo 15 de noviembre de 2009

El pozo - Luis María Díez


Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. "Este es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje.

Historia de Cecilia - Cicerón


He oído a Lucio Flaco, sumo sacerdote de Marte, referir la historia siguiente: Cecilia, hija de Metelo, quería casar a la hija de su hermana y, según la antigua costumbre, fue a una capilla para recibir un presagio. La doncella estaba de pie y Cecilia sentada y pasó un largo rato sin que se oyera una sola palabra. La sobrina se cansó y le dijo a Cecilia:
- Déjame sentarme un momento.
- Claro que sí, querida -dijo Cecilia-; te dejo mi lugar.
Estas palabras eran el presagio, porque Cecilia murió en breve y la sobrina se casó con el viudo.

Cicerón - De divinatione, I, 45 // Cuentos breves y extraordinarios. Recopiladores: J.L.Borges y A. Bioy Casares

Tranvía - Andrea Bocconi


Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. “Amplia sonrisa, caderas anchas...una madre excelente para mis hijos”, pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.
Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera le conocía.
Dudó. Ella bajó.
Se sintió divorciado:”¿Y los niños, con quién van a quedarse?”

Andrea Bocconi - Relatos de un minuto.

Amor a la literatura - Luis Hervás Rodrigo


Desde pequeño siempre había tenido esa obsesión por los libros, una obsesión a la que sus padres contribuyeron de un modo decisivo, mostrándolo los beneficios que la literatura le podía proporcionar. Devoraba cualquier volumen que cayera en sus dominios, sin importar tema ó autor: geografía, historia, ciencias, poesía...todo lo asimilaba de una manera compulsiva, y entraba, sin remisión, a formar parte de su ser. Buscaba por las estanterías de la amplia biblioteca los ejemplares más voluminosos, con los cuales se entretenía por un periodo de tiempo relativamente largo, y cuando los terminaba, volvía, ansioso, a por otro. Desgraciadamente, la adquisición de un nuevo spray antipolillas acabó cierto día con su ilustrada vida, cuando aún no había acabado de engullir completamente, una interesante descripción del motor de combustión en la Enciclopedia Británica.

Siempre hay excusa para salir a beber - Jesús Alonso


Me compré una barra de bar porque quería dejar de salir a beber por ahí. Nada más montarla, me puse a un lado de la barra y pedí una cerveza. Fui al otro lado y pregunté: "Con alcohol o sin alcohol?" Me cambié otra vez de sitio y contesté: "Con alcohol, imbécil!" "Imbécil será usted!", me respondí. "A mí nadie me trata así", contesté, "me voy a otro bar". Al salir di un portazo. Allí quedó el otro con su mierda de negocio.

La más absoluta certeza - Ana María Shua


Pocas certezas es posible atesorar en este mundo. Por ejemplo, Marco Denevi duda con ingenio de la existencia de los chinos. Y sin embargo yo sé que en este momento usted, una persona a la que no puedo ver, a la que no conozco ni imagino, una persona cuya realidad (fuera de este pequeño acto que nos compete) me es completamente indiferente, cuya existencia habré olvidado apenas termine de escribir estas líneas, usted, ahora, con la más absoluta certeza, está leyendo.

El negador de milagros - Anónimo


Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó. "Oh, venerado suegro", suplicó "no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros". El ataúd, entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.

citado por Giles en Confucianism and its Rivaís, Lecture VIII, 1915

viernes 13 de noviembre de 2009

Receta contra el insomnio - Saturnino Rodríguez Riverón



Para combatir el insomnio le recomendaron contar ovejas. Y así lo hizo. Llegada la noche, se tira en la cama. Una, dos, tres ovejas. Cuatro, veinte, ochocientas, mil. Después de la mil, saltaba la oveja negra. Detrás de la oveja negra venía el lobo. Tras el lobo el cazador. Y al cazador lo perseguía su mujer. Y a la mujer el guardabosque con todas las ovejas, incluyendo la oveja negra. Y siguiendo ese círculo inacabable, no pegaba un ojo en toda la noche.

Migratorios – Héctor Ranea


En la cervecería vimos que un tipo sacaba subrepticiamente un reloj fosforescente, movía botones e hizo desaparecer a un amigo de nuestra mesa, quien un instante después volvió, algo despeinado. Entonces ya el tipo del reloj había desaparecido y también la billetera del transportado.
Raro que alguien hiciera semejante despliegue de tecnología para apoderarse de una billetera que ni dinero ni documentación importante tenía.
Al día siguiente llamaron a nuestro amigo de un circo. Habían encontrado su billetera en la piscina de las focas junto a un sombrero de cuero. Él recuperó la billetera de cuero de foca y se quedó con el sombrero, que de vez en cuando se vuela al menor atisbo de tormenta. Si vamos a creer en la deducción, concluiríamos que el sombrero es de cuero de oca, pero no daría nada por sentado.